Me
pusiste sobre un terreno espacioso, para que mis pies no resbalaran”
En
audiciones pasadas la soberanía de cualquier disputa en contra de él era un
esquivo un giño a la destrucción, recientes declaraciones antropo ideológicas
hacen descubar que tal guiño era una plataforma de calma conversa y el faraón
que tanto remoría ahora vive pa` nosotros en congreso con él. Sumado a esto figuras de alta
elocuencia como lo son el hombre lava, y el hombre pirámide se modifican a si
mismo frente a espejos convencionales para mostrar nuestros propios retratos
con cierto animo de una disputa transformada. La inminencia de aquella ceremonia frecuente y constante
hoy tiene una constitución.
Posibles
construcciones anónimas participan en convenios análogos a la percepción, como
imagen y presentación de lo que constituye el arte, en síntomas y maquinas
sistemáticas de preparación mental. Presentando entonces la equivalencia del
momento, es posible que el ente deductivo pueda conmover, más que destruir,
nuestros aspectos de cotidianidad. El momento es determinante en cualquier
aspecto que destruya el instante.
Como
periodo de placer, la conversación con el reducto de la especie convive con el
vértigo, y es probable que sea explícita la velocidad que intercede con otras
líneas de tiempo, líneas que suceden mas por extra polarización que por
secuencias decididas a calmar la intensidad de una persecución interactiva. Lo
más sencillo sería permitir al sentido decodificar la presentación cotidiana de
la materia, ceder no aplica. Para esa intención se propone una serie de
cirugías estéticas planificadas para no recibir información didáctica, ni
proposiciones deductivas. Estas cirugías como un método de nueva alienación,
permite la subjetivización verdadera, y la deformación de la materia.
Seguimos
reuniendo descripciones de la mutación matérica del reducto de la especie y
entendemos que el método no es la persecución, sino la guerra del dialogo. La
presentación estética de la esfera son incitaciones del dominio, para amenazar
a sus contrincantes por ahora pasivos. La esfera constituye la aparición
metafísica de los astros, de los planetas, de los satélites, de la cabeza. La
esfera persuade visualmente la interactividad de los dos ojos. La esfera hace
de la sensación de inmensidad de algo que por su tamaño no pertenece al
universo de la pseudo percepción instaurada. Se sigue pensando que los ojos son
esferas y que en el rostro caben dos, entendemos nosotros de que es una cavidad,
un umbral en dirección aleatoria, de perspectiva participativa, de cabeza de
cabeza triangular.

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