-“todos los miércoles había congreso de Marte, morían alrededor de 160
diputados semanales, fue el único momento que experimento la verdadera
democracia”
La
situación aislada de persistencia por
razones de economía y de emborrachamiento perceptivo que admite una secuencia
de imágenes bloqueadas como la apertura
de prisioneros en boga, de la cual eran tomados los más disparatados perfumes.
Las fragancias desde el palpito mismo de la oración en el parlamento, aquel
diputado tenía una soberanía mental ininterrumpida por veinte años. Padecían
entonces la mayoría de la secuencias de palabras que cualquier otro diputado
erosionaba de la brillante metodología de un estado a todas las situaciones
juntas le daban un nombre en común en distinto idiomas más rápido que el ultimo
cohete. Un cohete es un determinante. Un determinante es un jabón. El jabón va
en dirección de distintas trasparencias institucionales. Si una mala decisión
se tomo un lunes, todos los días son martes. Cuidando entonces la perseverancia
de estas decisiones, se ha decidido que en los lunes se tomaran malas decisiones,
y por votación unánime la decisión fue derogada por ser mala decisión. Ahora
las directrices cambiaron y a cualquier patria bandida. A las 8:49 timbró el
teléfono. Cuando me acerque a contestarlo fui yo otro diputado. Y comenzó
aquella disputa acerca que noticiero veré en el mediodía. El respondió. No más
estupideces se me han ocurrido a mí, Oh! Cuantas lagañas hay en el tiempo,
tendré que cambiar mi reloj. Aquello señores se escaparon. El continuó con su
aparatoso discurso. Y yo le repetí, mira vale los tipos se piraron, y él siguió
dominando lo patético. El me repitió, que en mi discurso carecía de signos de
exclamación y alegaba que no tenía sentido seguir con aquella plática. Comenzó
su nuevo discurso, con un “no más discurso, yo hablaré cuando no pueda correr
el riesgo de cerrar la llamada…” y así continuo luego de cerrar la llamada. Los
policías no habían llegado. Creo que uno era gordo y estalinista, los otros se
parecen a mí, pero cuando corrí de espalda tropecé mi plasma de 199 pulgadas.
Mama tenía el espejo más limpio de todo el barrio, las vecinas venia a mirarse
y algunas decían “yo era más gorda en la casa de abuela” incluso abuela viajaba
desde menemauroa todos los viernes a verse en aquel espejo, era el vidrio más
pretencioso de toda la comarca. Mama tenia algodones para las heridas más
blanco de todo el barrio, el barrio entero se estremeció cuando mama murió, y
yo herede aquel artilugio, por no haberlo usado para su hemorragia, no supe que
hacer con ese preciado coroto, llame a mi abogado, Diego Rivera, el doctor
gonzo primo de Doctor Faustroll familia de enfermos y le comente mi situación:
con una calma sonriente, propia de los velorios de ataúd roto, mientras mi
picazón de ano vertía las alucinaciones más profunda que podía sentir el ser
humano utilizando glándulas de conejos. Recuerdo todas las vecinas reunidas en
el piso del garaje, algunas tenían las pantaletas verdes, pero no todas. A mama
le hicieron un peinado tipo bubalú, que no le quedaba tan mal, aunque en los
sesenta y cinco años que viví con ella nunca la peluquera le había llegado a
ella. Esta vez toda su ropa tenia nombres, como no tenía dinero tuve que buscar
patrocinarte para el velatorio, todas las pizzerías del frente nacional de
pizzerías narco-ecológicas se incrustaron a este evento deportivo. Nadie sabía
que posición política jugar todos buscaban que cocinarle al faraón.
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